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Publicado por Willie Méndez en 2008

  En casa de Marie Thérèse Durante esta estadía londinense estuve alojado en casa de mi muy querida amiga Marie Thérèse Arida, una mansión victoriana de cuatro pisos y un subsuelo que también tenía ventanas a la calle (en el que había un departamento independiente que yo ocupaba). El pequeño palacio está ubicado en la exclusiva zona de South Kensington.   Por primera vez tuve la vivencia de Londres desde el interior de una de sus casas (consciente de que esta no era, sin embargo, una vivencia “objetiva”, a partir de la condición absolutamente privilegiada de mi alojamiento). El vecindario me sorprendió, en primer lugar por su apacibilidad y silencio. Tratándose de una zona residencial, tenía la ventaja, no obstante de estar atravesado por una nutrida calle comercial poblada de tiendas y pequeños restaurants de cocina étnica (uno de ellos, argentino: “Gaucho” era su nombre).   Hyde Park La casa de MT está muy cerca de Hyde Park, uno de los maravillosos corazones verdes de Londres, junto con el St James’s Park. Volvió a sorprenderme, como la primera vez, el intenso verdor de Hyde Park, aún en pleno invierno. La humedad y la falta de sol de Londres lo explican plenamente. Recorrí el amplio parque atraído, naturalmente, por el catedralicio monumento a Albert (el consorte victoriano) que celebra la expansión imperial británica durante el período de la Reina Victoria. Más allá del obvio distanciamiento ideológico que toda forma de imperialismo me genera, no puedo dejar de reconocer la magnificencia estética del monumento, con su templete central y sus cuatro grupos escultóricos en cuadrángulo, alegóricos, cada uno de ellos, de uno de los continentes en los que Inglaterra tenía colonias.    La celebración Albert se prolonga frente mismo del parque y el monumento, en el celebérrimo Albert Hall, auditorio destinado centralmente a la música clásica en el que en ese momento se presentaba el Cirque du Soleil.

No pude dejar de evocar, en el acto, el maravilloso final de las dos versiones de “El hombre que sabia demasiado” de Hitchcock, que tienen lugar en este templo de la música londinense. Confieso que mi favorita, naturalmente, es la versión de los ’50 con James Stewart y Doris Day. Recuerdo a “la novia de América” vestida con su ajustado tailleur gris cantando a voz en cuello “Qué será, será…..whatever will be, will be……que será, será!” Un nuevo punto de peregrinaje de Hyde Park es la fuente memorial diseñada y construida en homenaje a la querida y recordada Lady Di. Se trata de una gigantesca elipse dibujada por un  estrecho canal en el que circula ininterrumpidamente una corriente de agua.  Resulta clara la alusión a lo eterno, fluido y siempre vivo.  Tanto el interior de la elipse como la totalidad del área circundante están tapizados por un césped intensamente verde. La totalidad del monumento, en su simpleza y desnudez, se acercan a una estética zen muy contemporánea y especialmente  adecuada a la sensible figura que se evoca.

Victoria & Albert Museum     Cercano al Hyde Park se encuentra uno de los museos clásicos y emblemáticos de Londres, que también evoca  a la última de las célebres parejas reales inglesas: la Reina Victoria y su consorte, el Príncipe Albert. Se trata del “Victoria & Albert Museum”. El edificio, imponente –aunque ligeramente lúgubre-  representa en forma paradigmática la arquitectura victoriana.  La colección de arte y objetos que alberga es, asimismo, típica e íntegramente inglesa. Se destacan un par de obras de los extraordinarios Edward Burne-Jones y Dante Gabriel Rosetti, así como un grupo de pinturas de otros maestros ingleses del s. XIX.  

Teatro y musicales Leicester Square, epicentro de la movida teatral londinense, es uno de mis lugares favoritos en Londres. Con una atmósfera entre “trash” y bohemia, llena de pubs y restaurantes (en su mayor parte atendidos por inmigrantes que ofrecen sus platos típicos –lo cual ha ayudado notablemente a elevar el nivel de la gastronomía inglesa,  unánimemente considerado paupérrimo por los connaisseurs-). Es por todos conocida la debilidad inglesa por “el escabio”. Los excesos alcanzados en los últimos años han hecho que se implementara en Londres una regulación legal por la cual no es posible expender bebidas alcohólicas más que el locales con estricta licencia habilitante. En el área de Leicester Square los pubs y restaurants que poseen esta licencia son sólo los más exclusivos (y, por lo tanto, los  menos populosos). En la mayor parte de los locales gastronómicos más informales no se vende alcohol. Pese a este límite (insólito e impensable para un argentino, un español o un italiano) los alegres borrachines circulan a toda hora por las callejuelas de Leicester Square. En este viaje vi allí una de los estrenos “top” de la temporada teatral: The History Boys, escrita por el prestigioso dramaturgo Alan Bennett, premiado por esta obra, que narra las peripecias de un grupo masculino de estudiantes secundarios que aspiran a conseguir una plaza en Oxford o Cambridge. La pieza pone el acento en la relación de los jóvenes con su atípico, carismático y rebelde profesor de lengua.  No pude dejar de maravillarme, una vez más, con el arte superlativo de los actores teatrales ingleses.

Dentro de la movida teatral londinense, los musicales ocupan un lugar propio y de excepción. ¿Cómo pasar por Londres sin ver, al menos, uno de los grandes musicales en cartel? Aconsejado por Gabriella, la adorable hija menor de Marie Thérèse, fui a ver (acompañado por ella y por su hemana mayor Isabella, “Bella”) Wicked, una auténtica joya que no puede hacer más que las delicias de todo cinéfilo, ya que se centra en la historia de la malvada bruja verde y el hada rubia y glamorosa de “El mago de Oz”. En una maravillosa “vuelta de tuerca”, la bruja resulta adorable en tanto que el hada constituye la versión feérica de la “rubia tarada”. Actuaciones, música, canciones, coreografía en alturas increíbles. Recomiendo enfáticamente a todo visitante en Londres que no deje de ver este musical glorioso que ya se ha convertido en un nuevo clásico del género

El Covent Garden El melómano amante de la música clásica y la ópera tiene en Londres uno de sus máximos templos: el Covent Garden. El magnífico edificio neoclásico tiene un pabellón anexo que ha sido intervenido arquitectónicamente con un criterio moderno y vanguardista. En este pabellón está actualmente la confitería del teatro, que se convirtió en un espacio aéreo con espléndidas vistas al pabellón y sus asistentes (desde el siglo XIX los teatros de ópera europeos funcionan como lugares pensados para un doble espectáculo: el propio de la representación teatral y, por otra parte, espectáculo social por el cual los asistentes van a mirar a los otros y exhibirse ante ellos).

  Mi noche en el Covent Garden fue, en esta oportunidad, especialmente intensa y memorable ya que tuve la fortuna de asistir a una representación de “La Traviata” en que los personajes principales fueron interpretados por tres de las más grandes estrellas del mundo lírico actual: la soprano rusa Anna Netrebko (la máxima “diva” del momento) y  el tenor  alemán Jonas Kaufman, en los roles de Violetta Valéry y Alfredo Germont  y el magnífico barítono ruso Dmitri Hvorostovsky como Giorgio Germont.

Los tres fueron calurosamente ovacionados al final de la soberbia representación. La compañía de la entrañable y deliciosa Gabriella (fue su bautismo en la ópera!) aportó un especial plus de encanto a esta noche inolvidable.


escrito en 2008 por Willie Méndez

31 de diciembre

En este viaje a Europa se daba una circunstancia especial,  ligeramente atemorizante a priori: debería pasar solo, sin amigos ni familiares,  tres fechas muy significativas, mi cumpleaños, la navidad y el año nuevo.  Las primeras dos pruebas fueron sorteadas con mucha felicidad. El cumpleaños en Roma resultó inolvidable, así como la Navidad blanca en San Petersburgo. El hecho de que, por ser Rusia un país ortodoxo, celebra la Navidad no el 24 de diciembre sino el 7 de enero, fue un elemento a favor. El clima del 24 era festivo a medias. La ciudad vivía con su ritmo normal. La sensación de soledad improbablemente se manifestara y, de hecho, no se manifestó. Fue un día intenso y equilibrado entre momentos de magnífica compañía (el almuerzo con Nadia y Sergei) y otros de altísimo estímulo estético (la íntima representación de “El lago de los cisnes” en el Teatro del Hermitage). Restaba la prueba final: el año nuevo. Queda claro para quien leyó la primera crónica de Tallinn que no resultaba pensable generar algo conjunto con los otros huéspedes del hotel, inmerso cada uno en su particular autismo. Me pareció mejor idea elegir un lugar estratégicamente ubicado y con “movida” asegurada. Siguiendo este plan, compré un ticket para la cena de fin de año en un pub-cantina-restaurant estonio-escocés llamado “Molly Mallone”. “Molly” está en un primer piso frente mismo al epicentro de Tallinn: la placita medieval del Ayuntamiento. Con un criterio que me pareció sensato y sensible, la chica que tomó la reserva me dijo que me integraría en una mesa en la que se hablara inglés y me avisó que la cita para iniciar la cena era a las 20hs. Se preveían cuatro horas para cenar y, a partir de la medianoche, el lugar se abriría al festejo general.  La noche del 31 (ayer! Hoy es el primer día del recién nacido 2008 y estoy nuevamente en “Molly” escribiendo esta crónica), me vestí con mis mejore galas, escogidas entre el exiguo equipaje que suele acompañarme en estos largos viajes y,  pocos minutos después de las 20 hs,  hice mi expectante (y atemorizada, al mismo tiempo) entrada en “Molly Mallone”. Había aún muy poca gente. Rápidamente ubiqué a Valeria (la chica de la reserva) que me dijo que la mesa que tenía prevista para mí  estaba esperándome y que mis acompañantes ya habían llegado. Me señaló una pequeña mesa a cierta distancia. Miré y me encontré con una visión no justamente alentadora. Mis acompañantes previstos eran dos alemanes. Uno de ellos tendría unos sesenta años bastante largos. Estaba sentado inmóvil, mirando el vacío, impasible tras sus anteojos. El otro, más joven, tenía una cara que inspiraba tristeza. Recordé una lapidaria enseñanza  de mi profesor de Contabilidad de 2do año de la escuela secundaria, el “mono” Corsánego: “Acuérdense siempre de lo que les voy a decir hoy, porque es una regla sin excepciones: ‘El que tiene cara de boludo…..es boludo’”.  Más allá de la conciencia de que Corsánego era bastante nazi, he llegado a la conclusión de que tenía razón, pese a todo. El alemán joven no hubiera contado con su aprobación de ninguna manera……(Mientras escribo esto, tengo a los dos alemanes frente a mí. Nuevamente. Aunque en una mesa distinta, siguen en “Molly Mallone” bebiendo una cerveza tras otra en silencio y ambos con las mismas expresiones inmutables).  La perspectiva de empezar el 2008 en semejante compañía no me resultó especialmente tentadora –demás está aclararlo-. Le pregunté a Valeria si no había alguna otra alternativa. Me explicó que todas las mesas estaban reservadas. La única opción posible, en caso de que no quisiera compartir la mesa con los alemanes, era comer en la barra. Varias personas que habían llegado sin reserva previa ocupaban lugares en la barra, muy animada. No lo dudé: cenaría en la barra.  Allí me instalé haciendo un rápido ejercicio de flexibilidad y adaptación a las circunstancias. Mejor solo que mal acompañado: por supuesto!  El pub poco a poco empezó a llenarse de alegres grupos (muchos rusos), y de algunas pocas parejas. Tomé conciencia, al poco tiempo, de que la única persona que estaba sola en “Molly Malone”….era yo!  A mi lado, en la barra, había una pareja joven. La mujer sonrió cuando, ante la interrogación de Valeria acerca de qué prefería como bebida inicial, contesté sin dudar: “Champagne!”. Leí la sonrisa como una invitación y aproveché la primer excusa para entablar una conversación con ambos (no sin esfuerzo, ya que –aunque quienes me conocen no puedan creerlo-  soy una persona socialmente tímida en ámbitos que no conozco). El intento fue fallido. La mujer pronunció  con laconismo lo estrictamente necesario para responder mi pregunta y no agregó ni una una sola palabra más. Naturalmente, no insistí. Se me cruzó la idea de hacer una rápida visita al hotel en busca de un libro. Me pareció absurdo. Había un único camino: aceptar la circunstancia de estar solo en la noche de año nuevo y pasarla lo mejor posible. En el acto tomé conciencia de la enorme libertad interior que ganaría si lo lograba. Pedí  una segunda copa. Cambié al vino blanco (el champagne que se suele vender en Rusia y en Estonia es intolerable para nuestro gusto exquisitamente mal acostumbrado por los excelentes vinos argentinos). Con alivio, descubrí que los vinos que servían eran chilenos. El vino blanco era delicioso. Me dediqué  a degustarlo y a mirar a mi alrededor. Reparé en los ocupantes de varias mesas cercanas: una pareja que estudiaba aburridamente el menú, dos amigas que se quedaban en silencio constantemente, sin nada interesante que decirse;  dos muchachos que no hacían más que chequear sus respectivos celulares, como máximo cada cinco minutos, y dedicaban largo tiempo a enviar mensajes de texto, sin dirigirse en ningún momento la palabra entre ellos. Tomé conciencia de que no era yo el único que estaba solo. En realidad, estaba mucho menos solo que esas personas. Nada más solitario que la soledad en compañía….  Llegó la entrada: era un plato combinado de  entremeses con base de  distintos tipos de salmón. Una delicia…Me empecé a sentir cada vez mejor. El alcohol, la sabrosa comida y, sobre todo, el ejercicio de conciencia y adaptación…. La experiencia comenzó a resultarme apasionante… Relajado ya (incluso feliz) seguí degustando los canapés de salmón. “Happy new year!”  La alegre exclamación, pronunciada por una voz cantarina en un inglés claramente extranjero, me tomó por sorpresa. Una mano alzando una copa (también de vino blanco) entró en mi campo visual. Eran la mano y la copa de una chica de unos treinta años, que pocos minutos atrás se había sentado a mi izquierda. Estaba acompañada por otra chica de la misma edad. “Happy New Year!”, contesté y choqué mi copa con las de ellas. Mi  joven interlocutora me preguntó de dónde era yo. Al responderle que era de Argentina, me miró con total incredulidad. “Tan lejos! Y qué estás haciendo acá???”. Entablamos en el acto una animada charla. Las dos chicas eran rusas, las dos abogadas y las dos se llamaban Marsha. Eran de San Petersburgo. No pude dejar de expresar mi admiración por esta ciudad, de la que acababa de llegar y donde había pasado diez días tan estupendos. Me contaron que habían elegido empezar el año en Tallinn porque era una ciudad de cuentos de hadas (“a fairy tale city”). Una de las Marshas resultó ser una apasionada cinéfila. Me habló sobre “Happy together” de Wong Kar Wai (filmada en Buenos Aires y basada en “The Buenos Aires affair” de Manuel Puig). ¿Cuánto había de real en la  película de Wong Kar Wai? El espacio ¿era una Buenos Aires auténtica o era un escenario poéticamente creado por el director? La charla se tornó apasionante. La Marsha cinéfila me contó que ella y su amiga tenían varios planes para la noche y me invitó a acompañarlas. Sin saber  en qué consistían los planes, acepté de inmediato. Trajeron en ese momento el planto principal: las Marshas habían elegido ambas pescado. Mi opción, en cambio, había sido carne. Ninguno de los tres prestó demasiada atención a la comida, ya que estábamos completamente absortos en la charla. Poco después de las once de la  noche, en medio de la animación general y del clima ya abiertamente festivo de “Molly Mallone” (a esta altura atiborrado de gente), las Marshas cruzaron un par de palabras en ruso y la cinéfila me dijo. “Nos vamos. ¿Venís con nosotras?”. Unos minutos después estábamos en la placita del Ayuntamiento, desierta aún. Nevaba suavemente. “Vamos a un lugar muy especial”. La idea de dejarme conducir sin saber a dónde me resultó sumamente atractiva. Empezamos una larga caminata por las calles vacías de Tallin. Los pequeños copos de nieve estimularon mi humor, ya excelente a esa altura. La caminata se prolongó por casi media hora hasta que dejamos atrás el casco antiguo de Tallinn e ingresamos en la zona de los amplios parques que la circundan, que se veían bellísimos bajo la delgada capa de nieve que los cubría. La Marsha cinéfila estaba exultante. Después de otro rato de caminata cruzamos una ancha avenida y nos encontramos frente a lo que parecía un espacio desierto. A  lo lejos, en las sombras, empecé a entrever el perfil de una amplia construcción.  A primera vista, tenía el aspecto de una pirámide maya. El frente estaba constituido por dos inmensas escalinatas paralelas. “Las escalinatas rusas!” exclamó Marsha. “Acá quería venir”. No me pareció un lugar tan especial. No obstante, me acerqué con ellas al pie de las escalinatas. Comenzamos el ascenso. Vimos a unos pocos jóvenes en la cima. Cuando la alcanzamos, empezó la verdadera sorpresa: era una inmensa explanada que constituía una suerte de meseta. Pero de esa explanada nacían dos  nuevas escalinatas, tan altas como las anteriores! Era, en efecto la estructura de una pirámide maya. Marsha me explicó que esa construcción monumental, típicamente soviética, había sido erigida en 1980, con motivo de unas importantes regatas. En primera instancia, no pude comprender la relación  con las regatas, hasta que llegamos a la cima de la segunda escalinata. Allí se abría una nueva explanada: la atravesamos. En su extremo nacían unas escalinatas paralelas a las anteriores, esta vez descendentes. Un fuerte murmullo empezó a invadir el ambiente. La oscuridad circundante parecía haber entrado en  movimiento. Me di cuenta de que, lo que percibía a mis pies a través de la bruma, el lugar a donde descendían las escalinatas…..era el mar!!!! La sensación fue de absoluto onirismo. Como si adivinara mi pensamiento, Marsha me dijo: “Es surrealista, no es cierto?” Yo no lograba salir de mi sorpresa. “¿Cómo es posible que un lugar así no aparezca en las guías turísticas de Tallinn?” “Fue construido en el período soviético, no lo olvides. Los estonios prefieren dejar atrás ese período, ahora que forman parte de la Unión Europea”. Noté que, en efecto, los enormes bloques pétreos de los escalones estaban muy desgastados por el efecto corrosivo de las olas y, aquí y allá, asomaban malezas entre las juntas de las piedras. La monumental construcción estaba entregada al abandono y a la eventual destrucción. No pude evitar reflexionar acerca de lo penoso que resulta el hecho de que un cambio de signo político provoque la destrucción de un espacio tan magnífico y singular. La historia indica, sin embargo, que esto suele resultar inevitable. Nos quedamos contemplando el mar en silencio. De pronto se oyó la explosión de fuegos artificiales. Una luz brillante apareció en el cielo. Marsha exclamó: “Una estrella viene hacia nosotros!”. En efecto, la luz de intensidad creciente se acercaba a gran velocidad directamente hacia nosotros. La sensación era de vértigo. Cuando ya estaba por alcanzarnos, unos diez metros antes de llegar a  nosotros, súbitamente se extinguió.   Un anticipo de la magia.  Unos minutos después (no sé cuantos) reiniciamos el ascenso.  Cuando llegamos a la cima, hubo una nueva sorpresa: los pocos jóvenes iniciales se habían convertido en un nutridísimo grupo que poblaba festivamente la monumental pirámide. Comprendí de inmediato la razón. Por su altura y por su distancia respecto de la pequeña ciudad, la pirámide ofrecía una espléndida vista panorámica de Tallinn. Faltaban ya pocos minutos para la medianoche y empezaron a estallar, en distintos puntos de la  ciudad, espléndidos fuegos de artificio de todos los colores imaginables. La segunda Marsha me miró y me dijo: “¿Sabés? Tengo una pequeña sorpresa: traje una botella de champagne en mi bolso!” Demostrando las palabras con los hechos, abrió su pequeño bolso y una botella de champagne se materializó ante nosotros. Nevaba. La noche, sin llegar a ser gélida (al menos para mis estándares), era muy fría. Pese a haber estado guardada en el bolso por horas,  la temperatura de la botella era perfecta. Marsha sacó dos vasos de telgopor de su bolso. La Marsha cinéfila descorchó ella misma la botella. En un arranque que me pareció admirable y entrañable, no aceptó el segundo vaso (que naturalmente le ofrecí), me dijo que ella tomaría directamente de la botella. Los fuegos de artificio se multiplicaban y empezaban los gritos y abrazos a nuestro alrededor: se acercaba el nuevo año….5, 4, 3, 2, 1…..”Happy New Year!!!!” Brindamos y nos besamos ruidosamente, todo a nuestro alrededor parecía florecer y estallar: risas, abrazos, gritos, explosiones ininterrumpidas de luces multicolores desde todos los puntos de la ciudad, desde la cima misma de la pirámide. Me sensación era de extrema embriaguez y felicidad. Tomé conciencia de las recompensas inmediatas que el universo ofrece cuando uno se relaja en sus designios. La aceptación serena de la soledad inicial en “Molly Mallone” había terminado produciendo como resultado esta increíble e inolvidable experiencia.  Tras unos minutos, las dos Marshas volvieron a hablar en ruso. “¡Es el momento de volver a la plaza!”. En efecto, la pequeña multitud de la cima de la pirámide empezaba a descender y disgregarse. Menos de media hora después estábamos nuevamente en la placita del Ayuntamiento de Tallinn, que mantiene su estructura medieval. Y realmente, la sensación era la de estar en el Medioevo. En el centro mismo de la plaza  se erige un altísimo abeto, de hojas perennes. El abeto estaba iluminado brillantemente,  convertido en un gigantesco árbol de Navidad. En torno a él, la multitud formaba una ronda cuyos integrantes se renovaban y que danzaba y giraba festivamente en torno al abeto. Parecía un rito de carnaval del medioevo. “ A bailar!” exclamaron las Marshas al unísono! Nos acercamos a la ronda, que se abrió para integrarnos. Nos tomamos de las manos y nos dejamos conducir en torno al abeto iluminado, en una rueda vertiginosa de gritos y risas. Seguimos girando  hasta que estuvimos completamente mareados y a punto de perder el equilibrio. “¡Vamos a terminar la noche a otra parte!” dijo la Marsha cinéfila y volvió a conducirnos por las intrincadas callejuelas medievales de Tallin. En un momento se empezó a oir una música infinitamente sensual y seductora, que yo conocía. Doblamos una esquina y nos encontramos frente a la puerta de lo que parecía ser un bar o una discoteca. Sobre la puerta pendía un cartel rojo con una rosa blanca  en el que se leía “DM Baar”. Bajamos por una escalera. La maravillosa música iba subiendo de intensidad. Llegamos a un pequeño espacio en el que había una barra iluminada. En su base se veían múltiples fotos de una banda de rock. Tras la barra pendía un enorme cartel: “Ultra”. De inmediato reconocí la música y las fotos de la banda: era “Depeche Mode”, uno de mis grupos favoritos durante los últimos 15 años!!!! Marsha, percibiendo mi alegre sorpresa, me confirmó: “Este es un bar que pasa exclusivamente música y videos de Depeche Mode, por eso el nombre”. El bar era una pasillo circular blanco, con sillones rojos y una alfombra negra en la que se repetía la rosa (que reconocí como parte de la portada del cd “Ultra”). Ocupamos una mesa frene al televisor que pasaba un concierto de Depeche Mode en Milán, en el 2002. Las dos Marshas desaparecían alternativamente y reaparecían con tragos para todos. Nunca pude llegar a invitarlas, no me daban tiempo. Por primera vez en mi vida tomé un martini (elección de la Marsha cinéfila).  Entrada la madrugada y ya a punto de irme, les agradecí con calor y emoción. Les dije que había sido una de las noches de año nuevo más maravillosas de mi vida. La Marsha cinéfila me dijo que también para ellas había sido una de las noches más maravillosas. La otra Marsha asentía sonriendo: “Tu mirada nos hizo percibir mucho más intensamente la belleza”. Me quedé sin palabras. Pocas veces alguien me había dicho algo tan halagador. “¿Te parece que nos volvamos a encontrar en este lugar mañana a las siete?” Por supuesto que acepté. La caminata de regreso al hotel, bajo la nieve, completó la fase final de esa noche soñada…

1ro de enero

Hoy, 1ro de enero, el día amaneció especialmente frío. Decidí dar una vuelta por la plaza. Muchos turistas que habían pasado en Tallinn la noche de fin de año compraban recuerdos y bebían vino caliente especiado (una bebida navideña típica de Estonia). Fui a la iglesia medieval de San Olav, de rito ortodoxo. Encendí cirios y recé por todas las personas que amo. Salí de la iglesia, atravesé las callecitas de Tallinn hasta dejar la  ciudad atrás y me interné por los parques, que también dejé atrás. Guiado por el instinto y la memoria, encontré el terreno descampado donde se erigen las escalinatas soviéticas sin fin.  No había nadie, probablemente por la intensidad del viento helado que barría la ciudad. Repetí el rito y subí nuevamente los dos tramos de escalinatas. Atravesé la explanada de la cima y divisé el mar: una superficie verde grisácea.  El lugar se veía magnífico, también de día. Pero no era ya un templo, un santuario, un espacio de magia como lo había sido la noche anterior. Ahora era un lugar impactante, pero ya “desangelado”. La magia ocurriría nuevamente, quizás la próxima noche de año nuevo. Nadie lo sabe… Hice unas fotos, dejé atrás la pirámide  y comencé una larga y reflexiva caminata por la bellísima costanera de Tallinn, barrida por los vientos bálticos. Caminé más de una hora, escuchando con auriculares las melancólicas baladas de Perry Blake. A mi regreso, la magia desplegó sus alas nuevamente, por unos instantes: una bandada de cisnes había hecho un descanso en su vuelo, descendiendo en las playas de Tallinn. La gente les daba de comer pedacitos de pan y los acariciaba. Los cisnes, majestuosos, se dejaban acariciar sin moverse y extendían sus largos cuellos hasta las manos que les daban de comer….

Pocos minutos después de las siete, llegué al “DM Baar”. Estaba prácticamente vacío.  Las Marshas no habían llegado e intuí en ese momento, sin decepción ni tristeza, que no vendrían esa noche. Así fue: jamás llegaron.

No dejo de preguntarme si no eran, en realidad, duendes traviesos, encantadores espíritus femeninos a los que la antiquísima ciudad otorga libertad sólo una vez cada trescientos sesenta y cinco días, en la mágica y ancestral noche de año nuevo…..

por Willie Méndez

†    Philippe Claudel (Francia, 1062): Profesor de Literatura en la Universidad de Lyon y escritor consagrado. Su primera novela, Les âmes grises  (2003), obtuvo el Prix Renaudot. Cuando aborda la escritura, lo hace en el doble rol de novelista y guionista. Hace mucho que te quiero marca su debut en la dirección cinematográfica. El film, cuyo guión también está suscripto por Claudel, recibió el BAFTA Film Award  a la mejor película extranjera, el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlin (donde estuvo nominado al Oso de Oro, máximo galardón del festival), y el César (la versión francesa del Oscar) a mejor ópera prima. El guión, asimismo, obtuvo nominaciones en todos estos certámenes.

†    Actores-Personajes:

 

Kristin Scott Thomas Juliette Fontaine
Elsa Zylberstein Léa Fontaine
Serge Hazanavicius Luc
Laurent Grévill Michel
Frédéric Pierrot Capitain Fauré

 

 

†    Encuadre genérico: melodrama psicológico

 

†    Un film para la contemplación reflexiva: Philippe Claudel manifiesta su aversión hacia la tendencia “pulsante” -según su propia caracterización- del cine actual, que apunta a una sobreestimulación del espectador y cuyo ritmo suele ser frenético. Claudel señala: “

 

     Es importante aprender de nuevo a esperar, a ser paciente e, incluso, a ver

 

†    Escena de apertura: En la escena  inicial del film Juliette está sentada sola en la confitería de un aeropuerto. La mujer fuma abstraída. No está maquillada ni arreglada. Su aire es desolado, como el de una persona que atraviesa un duelo especialmente doloroso.  Todas las mesas restantes de la confitería están vacías. Por los grandes ventanales entra una luz gris y fría. Esta escena funciona metonímicamente[1]. Establece el clima general del film.

 

†    La influencia literaria: Claudel, en su doble oficio de escritor y cineasta, genera una especial alianza entre el cine y la literatura en Hace mucho que te quiero. Los personajes, sus especiales tiempos, el entramado de relaciones, exhiben una marca manifiestamente literaria vinculada con la tradición de la novela psicológica.Fiódor Dostoievski, uno de los padres del género, es explícitamente citado en la película.

 

†    Las citas literarias:

 

ü      Crimen y castigode Dostoievski:Léa pierde el control cuando discute con un alumno sobre las implicaciones éticas del crimen y la potencialidad del arte para abordar el tema.Es claro para el espectador que es la experiencia traumática de su hermana la que opera como causante de este desborde. Raskolnikov, el protagonista de la célebre obra maestra, es para ella una construcción falible y fantasiosa cuando compara su drama con el de Juliette, real y terrible.

 

ü      Una novela de Jean Giono[2]: En una de sus novelas, cuyo título no se menciona, aparece una mujer se llama a sí misma “L’absente” (“la ausente”). Este era el apodo con que sus compañeras de prisión habían bautizado a Juliette. Michel, que cita la novela, dice que el protagonista se enamora locamente de esta mujer (alusión evidente a lo que le está ocurriendo a él con Juliette)

 

†    Las citas pictóricas:

 

ü      “El paño de la Verónica/Ecce Homo”: La aparición de esta representación pictórica clásica relacionada con la pasión de Cristo, sin duda no es arbitraria en la película. El cuadro se encuentra en la biblioteca y lea se sienta, en un momento, frente a la imagen. Su rostro queda en paralelo con el de Cristo flagelado y coronado de espinas. La alusión resulta evidente: al igual que Cristo, Juliette está viviendo su propio martirio

 

ü      “El dolor” de Emile Friant[3]Juliette recorre el Museo de Bellas Artes de Nancy y se detiene frente a un gran óleo que representa con gran dramatismo un entierro. Un grupo de mujeres enlutadas se encuentran al pie de una tumba recién cavada. En primer plano se destaca la que parece ser la protagonista del duelo. Por su edad, se induce que puede tratarse de la esposa o la madre de quien ha fallecido. Michel interrumpe la contemplación absorta de Juliette y le dice unas palabra sobre el pintor, famoso en su tiempo y casi olvidado en la actualidad. Juliette comenta “Es todo un universo”. El carácter alusivo del cuadro es igualmente claro. Al igual que la protagonista del cuadro, Juliette se encuentra inmersa por completo en su propio duelo.

 

 

ü      Retrato de mujer de Emile Friant: Michel le señala después un retrato femenino de pequeño formato del mismo autor. Remarca el parecido entre la joven retratada y un antiguo amor cuya imagen él siente que ha quedado “atrapada” en el retrato.

 

 

 

 

†    La música: Ejecutada exclusivamente por cuerdas, la música de Hace mucho que te quiero es minimalista y muy climática (se reduce casi a un único leit motiv musical)

 

†    Estructura en actos:

 

ü      1er acto: Presentación de Juliette, su hermana Lea y la familia de esta última. El interés gira en torno  al misterio que envuelve a Juliette, que se devela parcialmente en forma progresiva (trama principal). El punto de giro se da en el minuto 26 cuando queda expuesta la razón por la cual Juliette estuvo 15 años en prisión.

 

ü      2do acto:  Se ordena en torno a dos ejes dramáticos, que funcionan como tramas secundarias:

 

a    Juliette intenta recuperar una vida “normal”. En la escena de apertura del acto, un hombre que se cree seducido por ella en un bar se le acerca. Tras una rápida elipsis se nos da a entender que han hecho el amor. En su concisión, se trata de una escena notable desde el punto de vista del guión. El hombre se termina de vestir en el baño de un cuarto de hotel y tiene lugar el siguiente diálogo minimalista:

 

-Te gustó?

-No, para nada. Pero no es grave.

 

Pese a la extremada síntesis, todo queda dicho.

Michel, el colega y amigo de Léa,  será el segundo personaje en intentar un acercamiento a Juliette. El hecho de haber trabajado durante 10 años como profesor en la cárcel lo pone en  sintonía con ella. Cuando trata de acariciarla por primera vez, no obstante, la protagonista lo detiene:

-No, por favor. Aún estoy un poco lejos

 

Nuevamente, la réplica dice todo en su concisión.

La reinserción progresiva de Juliette en la vida social continúa con sus intentos de conseguir trabajo. Logra finalmente un puesto de secretaria en el que su laconismo opera como un factor en su contra. Sus compañeros de trabajo la perciben como fría y distante.

a    Se profundiza gradualmente la comunicación entre Juliette y Léa. Léa narra lo que ha ocurrido con los padres de ambas durante los 15 años de reclusión de su hermana. Como complemento de la narración de la muerte del padre (que Léa no informó a su hermana por expresa prohibición de su madre), tiene lugar, en el final del segundo acto,  la significativa y conmovedora visita de Juliette a su madre, internada en un geriátrico con Alzheimer en estado avanzado. La madre, que  no identifica a Léa como su hija,   reconoce por un instante a Juliette (la intuición más fuerte y cierta que la razón).

Todo esto conducirá naturalmente al abordaje del vínculo entre las hermanas: por qué Léa no visitó a Juliette en prisión. Saldrán a la luz tanto el amor de Léa por su hermana como la situación encerrada en la que se encontraba.

 

    Un tercer eje que se subordina al anterior es el desbloqueo y desarrollo progresivo de la relación entre Juliette y la familia de Léa: Luc, su marido y la hija mayor del matrimonio, a quien la protagonista da, en secreto, lecciones de piano. Le enseña a tocar a dúo una melodía que Léa y ella tocaban cuando eran niñas, cuyo título se cita en el del propio film: Il y a longtemps que je t’aime. El momento en que Juliette y Léa interpretan juntas el tema, mientras el abuelo mudo y las niñas vietnamitas las escuchan, constituye una escena climática del film, que denota la progresiva “vuelta a la vida” de la protagonista.

El acto se cierra con un abrupto cambio de clima. Una noche salen juntas Juliette y Léa. Cuando está a punto de entrar a un club nocturno, Juliette sufre una crisis de llanto. Léa intuye  que su hermana necesita desahogarse y la invita a hacerlo (punto de giro que cierra el segundo acto, exactamente a 1h 30’. En la escena siguiente, cuando hace su visita quincenal a la comisaría, se entera de que el Capitán Fauré se ha suicidado (el espectador leerá esto como la anticipación de un posible desenlace).

ü      3er acto: Se consolida el género melodramático cuando Léa comienza a reconstruir, a partir del encuentro de una carta del hijito de su hermana, las circunstancias en que se produjo su muerte. El misterio completo que rodeaba el hecho (la causa absoluta y ausente) se devela definitivamente cuando queda al descubierto la leucemia terminal que padecía el niño que hace que Juliette tome la decisión de “secuestrarlo” de forma de impartirle los máximos cuidados y finalmente llevar a cabo una eutanasia que impida la degradación y el sufrimiento físico y afectivo del niño.

 

†    Trama principal: La causa absoluta y ausente.  Una marca especialmente literaria de Hace mucho que te quiero consiste en la aplicación del principio de la “causa absoluta y ausente” característica de gran parte de la narrativa de Henry James[4].El misterio que rodea a Juliette , en torno al cual gira la trama principal del film, funciona en la película como la causa absoluta y ausente. La develación de este misterio es gradual y progresiva. La verdad queda expuesta recién en el final del film.

 

ü      En el minuto 15 el espectador se da cuenta de que Juliette ha estado presa, en escena en la que va por primera vez a la comisaría a firmar. El hecho de que deba hacerlo quincenalmente da la medida de la gravedad de su crimen, que aún ignoramos.

 

ü       El primer indicio de la razón por la cual estuvo en prisión lo tenemos en el minuto 22, cuando Lea cuenta a su hermana el complejo proceso de adopción de sus dos hijas vietnamitas. Juliette pregunta cuál de los dos no puede tener hijos. Lea le explica que ambos son fértiles pero que ella no quería tener un niño en su vientre. Juliette comenta: “Es por mi causa. Es por lo que yo hice”. Lea le responde: “Jamás traté de comprender”.

 

ü       La primera revelación clave se produce en la escena siguiente. Juliette tiene su primera entrevista laboral. Su potencial contratador le pregunta cuántos años estuvo en prisión. Al saber que fueron 15 años deduce que ella ha cometido un asesinato y le pregunta a quién mató: “a su esposo, a su amante, a la otra, a quién, a quién mató”. Tras un incómoda resistencia inicial ella responde. “A mi hijo. Mi hijo de seis años”. El hombre reacciona en forma violenta y la echa de inmediato (punto de giro que cierra el primer acto y abre el segundo).

 

ü      A partir de la tercera escena del segundo acto (Léa y su marido, Luc, conversan por la noche en su cuarto) se abre la segunda fase de la “causa absoluta y ausente”: la razón por la cual Juliette mató a su pequeño hijo. Luc le pregunta a Léa si ya le preguntó por qué lo hizo, lo cual genera una violenta reacción por parte de la joven.

 

ü      La develación definitiva del misterio tiene lugar en el final del film. Como corresponde al principio de la causa absoluta y ausente, esta revelación constituye el clímax del film y cierra la trama principal.

 

†    Kristin Scott Thomas (Cornwall, England, 1960): Por su belleza y distinción, la actriz ha sido bautizada como “la Marlene Dietrich inglesa”. Cuenta con  más de 60 roles protagónicos en cine y televisión. Entre los más recordados están los de Cuatro bodas y un funeral  (Mike Newell, 1994)  El paciente inglés (Anthony Minghela, 1996).

 

†    Binomio de personajes y de actrices: La película de Claudel se ordena en torno a los personajes de las dos hermanas, Juliette y Léa. Sutilmente diseñados por Claudel en su doble rol de guionista y director, ambos personajes resultan enaltecidos por las superlativas actuaciones de Kristin Scott Thomas y Elsa Zylberstein[5]

 

†    Alma gris/atmósfera gris: Hace mucho que te quiero adscribe a la concepción tanto shakespeareana como romántica del “paisaje-estado de ánimo”. La profunda tristeza de la protagonista se refleja en la atmósfera gris en que se desarrolla toda la parte inicial del film.

 

†    El diseño visual de Juliette: En todas las escenas en exterior, desde el comienzo del film, Juiette está vestida prácticamente con la misma ropa y siempre sin maquillaje alguno. El indicio no es casual: marca el rasgo depresivo de la protagonista.

 

†    Dos personajes masculinos y la marca feminista: Más allá de que sus dos protagonistas confieren al Hace mucho que te quiero el claro carácter de “película femenina”, el film de Claudel es, al mismo tiempo, una película feminista. Este rasgo se percibe en la pintura de los personajes masculinos con los que se relaciona Juliette en el primer acto del film:el hombre con quien hace el amor y el potencial empleador que la presiona en forma casi “violatoria” para que ella revele la razón por la cual estuvo 15 años en prisión. Ambos personajes encarnan los peores rasgos del machismo.

 

†    El capitán Fauré: Funciona como un correlato de Juliette en la trama secundaria. Al igual que la protagonista, es un personaje hundido en un estado depresivo. Intenta un acercamiento a Juliette que no prospera. Su suicidio opera como un falso indicio de una potencial suerte paralela de la protagonista.

 

†    Las palabras y el silencio intolerable

 

†    El laconismo de Juliette: Tanto a partir del guión como de la actuación protagónica se diseña con profundidad y sutileza la dificultosísima reinserción social de Juliette. Su laconismo es una de las señales de esta dificultad. Tras 15 años de reclusión, el silencio se ha hecho connatural con ella.

 

†    Juliette, condenada por la sociedad y “silenciada” por sus padres: El conflicto de la protagonista, a quien tanto la sociedad como su familia directa condenan y “matan en vida” silenciándola, sirve como  disparador para la reflexión acerca de los tabués, los prejuicios y sus consecuencias. Nadie conoce con exactitud las razones por las que Juliette tomó la terrible decisión de matar a su hijo, dado que la protagonista se niega a revelarlas. Esto no impide, no obstante, que sea condenada. Ante el desconocimiento, se elige castigarla.

 

†    El modelo de producción y las verdades que no pueden ser oídas: Resulta especialmente significativa la escena del segundo acto en que, en una reunión de amigos, el que lleva la voz cantante, aparentemente “achispado” por el alcohol, comienza a inquirir insistentemente frente a todos acerca de las razones por las cuales Juliette no había sido presentada antes por su hermana. La mujer responde secamente “Estuve 15 años en la cárcel. Maté a mi hijo”. Todos los asistentes prorrumpen en carcajadas, con excepción de Léa, Luc, que saben que lo que ella dice es cierto,  y Michel, que lo intuye. La escena ejemplifica lo que en términos semióticos se llama “modelo de producción”. Toda situación comunicativa sigue un patrón pre-establecido y conocido por la comunidad de hablantes. Cuando, como en este caso, se produce una abrupta disrrupción del patrón comunicativo (Juliette hace una revelación brutal no esperable en una situación social relativamente frívola), los asistentes demuestran una completa incapacidad de reacción. Decodifican los dichos de Juliette en el mismo registro frívolo y ligero que tiñe toda la situación comunicativa. 

 

†    Las relaciones humanas y los vínculos familiares: El gran tema del film de Claudel lo constituyen, sin duda, las relaciones humanas y, en particular, los vínculos familiares. Juliette logra emerger progresivamente de su trauma por la ayuda y el apoyo de Léa, de su familia, de Michel, a quien ella le presenta. Resulta elocuente, en este sentido, el paralelismo invertido entre Juliette y el capitán Fauré. Ambos se encuentran sumidos en un estado depresivo. En tanto que Juliette inicia una lenta recuperación, el capitán Fauré, que ha sido abandonado por su esposa y no parece tener otra familia ni amigos, se suicida.

 

†    Una revelación final concesiva: El hecho de que la muerte del hijo de Juliette responda a una suerte de “eutanasia” diluye marcadamente el tabú del filicidio ya que la muerte obedece a razones que mueven a la compasión. Esto puede ser leído como una convencionalización del film que diluye su componente más transgresor. Al mismo tiempo, no obstante, cabe preguntarse si un tabú tan fuerte y universalmente arraigado como el del filicidio resultaría tolerable sin un atenuante de mucho peso como el expuesto por el film.

 

†    La razón de la culpa: Un punto especialmente interesante es el vinculado con la culpa de Juliette, que la llevó a buscar el castigo de la prisión y la condena social y familiar. La protagonista deja en claro que la culpa central que experimentó no fue la proveniente de haber matado a su hijo. El hecho, sin duda terrible y abismal, responde a una decisión sumamente dolorosa pero comprensible. Lo que atormentó a Juliette y constituyó su fuente central de culpa fue la enfermedad misma de su hijo, de la que ella se considera responsable. El hecho de que sea médica no es arbitrario, en este sentido.

 

†    El silencio traumático: El silencio de Juliette es la clave de su condena tanto penal como social y familiar. El personaje guarda una marcada analogía, en este punto, con Hanna, la protagonista de El lector quien, por no revelar su analfabetismo, es también juzgada y condenada. En ambos casos, el silencio responde a razones traumáticas y que se encuentran, por lo tanto, más allá de lo racional. Juliette queda “muerta en vida” tras la muerte de su hijo. Su sentimiento de culpa hace que no le confiera significado al hecho de ser comprendida o perdonada. La búsqueda del castigo es, al mismo tiempo, la del completo aislamiento y soledad (“la ausente”)

 

†    El cine francés recupera la excelencia y se aleja del esnobismo: Con la ópera prima de Philippe Claudel el cine francés se ubica una vez más en la altura y profundidad de sus mejores exponentes y se aparta de la tendencia fría, pseudo-intelectual y, finalmente, snob,  visible en varios de los estrenos franceses más recientes.

 

 

 

 

Willie Méndez

 

 


[1] Metonimia: figura retórica por la que la parte representa al todo.

[2] Jean Giono vivió entre 1895 y 1970. Es considerado por André Malraux como uno de los más grandes escritores del siglo XX. Giono se mantuvo al margen de las corrientes literarias de su época. Su novela más célebre es El hombre que plantaba árboles.

[3] Emile Friant (1863-1932) es un pintor naturalista, perteneciente a la corriente artística de l’ École de Nancy. Su pinturas no están encuadradas en el estilo Art Nouveau sino que se concentran en escenas de la vida cotidiana o retratos en los cuales su familia y amigos le servían de modelos. En la época su estilo fue juzgado como demasiado realista y en efecto el realismo de la pintura de Friant es muy cercano a la fotografía y a las nuevas tecnologías que lo apasionaban. Además de pintar, Friant impartió clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Nancy. En 1923 se convirtió en miembro de la Academia de Bellas Artes y en 1931 fue condecorado con la Legión de Honor.

[4] Este principio hace que todo el relato esté regido por un hecho o circunstancia de peso decisivo, pero que no llega a develarse hasta el final. En algunos casos, la develación no se produce nunca. Un ejemplo paradigmático de la aplicación de este principio es la célebre Otra vuelta de tuerca.

[5] En un reportaje Claudel comenta que eligió a Zylberstein para el rol de Léa porque la joven actriz le transmitía una sensación de “solidez y fragilidad a la vez”.

por Willie Méndez

Almas grises. Philippe Claudel (Salamandra). Habiendo descubierto recientemente a Philippe Claudel como director de cine, a través de su ópera prima, la sutil y sensible “Hace mucho que te quiero”, era imposible refrenar el anhelo de abordar su prestigiosa obra literaria. Y había que comenzar, naturalmente, por aquella que lo consagró, Les âmes grises. “Ganadora del prestigioso premio Renaudot y elegida Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire, esta novela posee una belleza sombría y seductora que emana tanto del clima misterioso que envuelve la historia como del profundo y descarnado retrato de los personajes que la componen. Diciembre de 1917. En un pequeño pueblo del norte de Francia, el cuerpo sin vida de una hermosa niña aparece flotando en un canal. A la escena del crimen acuden, acompañados por el incesante tronar de los cañones y el acre olor a pólvora de un frente que se desgarra a escasos kilómetros, un policía, un juez instructor y un militar. En este mundo provinciano, el asesinato de Belle suscita innumerables sospechas, despierta viejos rencores y sacude un orden social que se tambalea.” Inmejorable en su síntesis resulta el texto de la contratapa de “Almas grises” en  la edición española de Salamandra. La prosa de Claudel fluye en forma inmejorable a través de la excelente traducción de José Antonio Soriano. Coincido con el autor de la contratapa acerca de la “belleza sombría” que caracteriza tanto el contenido de la novela como el estilo con que Claudel lo narra. El autor fue, durante muchos años, profesor universitario de literatura francesa. La familiaridad y consubstanciación con el universo literario es claramente reconocible en su prosa, que remite estilísticamente a los clásicos de fines del XIX y principios del XX. El poco conocido Jean Giono (1895-1970), considerado por André Malraux como uno de los escritores centrales de la literatura francesa del siglo XX, se cuenta entre los más admirados por Claudel. La atmósfera de Almas grises es atrapadora y envolvente, de forma tal que resulta imposible interrumpir la lectura. Los personajes están construidos con una agudeza y profundidad tales que resultan por completo creíbles. Más allá del complejo desarrollo de la trama -en que el relato histórico y sociológico se funde con el contenido con la historia del crimen y su investigación- se desgranan a lo largo de la novela pensamientos y reflexiones de una hondura fuera de lo común que le confieren un viso filosófico. Este libro me llegó a través de Marcela, querida integrante de uno de mis grupos. Ella forma parte de un interesantísimo  “Club del libro”,  cuyos miembros leen y discuten obras literarias. Almas grises fue uno de estos libros. Cuando llegó a mis manos, ya había sido leído por todos los miembros del club. Para mi gran felicidad, uno de ellos, de especial sensibilidad, había señalado varias de las reflexiones más hondas contenidas en el libro. Marcela me contó después que se trataba de una chica que había atravesado situaciones vitales críticas y que solía comentar: “La lectura me salva de la locura”. Cito algunas de las reflexiones señaladas por ella:

“La locura es un país en el que no entra quien quiere. En esta vida todo hay que merecerlo. En cualquier caso, él entró como un señor, largando amarras y velas con la gallardía de un capitán que da barreno a su barco y espera, de pie en la proa, a que se hunda.”

“La verdad es mucho más efectiva cuando la contemplamos de frente”

“-Si tuviera buenos cacharros de cobre, los colgaría igual, y producirían el mismo efecto, la sensación de que el mundo no es tan feo, de que a veces hay pequeños reflejos dorados, y de que en el fondo la vida no es más que la búsqueda de esas migajas de oro”

“Las buenas personas se van pronto. Todos el mundo las quiere, y la muerte también. Los canallas, en cambio, tienen la piel dura. Por lo general se mueren de viejos, y casi siempre en su cama. Como unos benditos.”

“La vida es curiosa. No avisa. Lo mezcla todo, sin dejarte elegir, de modo que a un instante de dicha le sucede otro de sangre, así, sin más. A veces pienso que somos como una piedrecilla en el camino, que permanece durante días en el mismo sitio, hasta que el pie de un paseante choca con ella y la lanza por los aires, sin razón. ¿Y qué puede hacer una piedra?”

A Marcela y a la desconocida lectora que me legó sus sensibles marcas en el libro dedico esta sencilla reseña.

por Willie Méndez

 

†    Kathryn Bigelow (EEUU, 1951): La filmografía de Bigelow no es extensa. Alterna largometrajes, cortos y series televisivas. Su producción se caracteriza,  por una marcada preferencia por la acción como género y un altísimo virtuosismo fílmico. Entre sus títulos más conocidos se cuentan Punto límite (1991) y  Días extraños (1995). Se encuentra en este momento en fase de preproducción de su próximo proyecto, Triple frontera, en que trabajará nuevamente con Mark Boal, guionista de The Hurt Locker.

†    Gran ganadora de los Oscars 2010: The Hurt Locker fue nominada a nueve Oscars en la entrega 2010, de los cuales obtuvo seis: mejor película, mejor directora, mejor guión original,  montaje, sonido y  edición de sonido. Los otros tres rubros por los cuales también fue nominada fueron: mejor actor (Jeremy Renner), mejor fotografía y música original. Obtuvo además otros 73 premios internacionales.

 

†    Actores-Personajes:

 

Jeremy Renner                         Sargento de Primera Clase William James

Anthony Mackie                       Sargento JT Sanborn

Brian Geraghty                         Specialist Owen Eldridge

Guy Pearce                              Sargento Matt Thompson

Ralph Fiennes                           Líder de equipo

 

†    Encuadre genérico: Película bélica testimonial, de denuncia y reflexión

 

†    Estructura en actos: Los actos de la película se estructuran siguiendo una cronología que se explicita en el comienzo del film.

 

ü   Cita inicial: Funciona como epígrafe del film, explica desde el comienzo el comportamiento y la actitud de Will James (el protagonista)

The rush of battle is often a potent and lethal addiction, for war is a drug      

War is a drug [1]

-Chris Hedges[2]

 

ü   Prólogo: Bigelow abre su película con un prólogo protagonizado por Guy Pearce (Sargento Matt Thompson), en el que el espectador conoce en qué consiste la tarea del miembro de la brigada de explosivos cuya función es la de desactivar minas o bombas. Este miembro, en general el líder del equipo, está secundado por otros dos o tres soldados que inspeccionan el perímetro y van guiando o advirtiendo al “desactivador”. El extremo peligro de la tarea del líder queda claro en el cierre del prólogo, en el que Thompson muere tras una explosión. Quien creíamos que sería el protagonista de la película, resulta serlo exclusivamente del prólogo.

 

ü      39 días divididos en bloques: La película se estructura en bloques precedidos por videographs que explicitan los días de duración de la misión liderada por James. El primer videograh informa que la extensión total de la misión es de 39 días. Como corresponde al principio de búsqueda de tensión creciente en el espectador, los primeros días transcurren lentamente. Presenciamos los hechos del día 39, del 38, del 37. A medida que el film avanza, los tiempos se van acelerando progresivamente. Así saltamos al día 24, hasta que los intervalos son cada vez mayores a medida que nos acercamos al fin de la misión.

 

ü      Doble epílogo: La película se cierra con un doble epílogo

Primer epílogo: Regreso de Will a Estados Unidos y breve reencuentro con su familia

Segundo epílogo: Cierra circularmente la película. Will vuelve a Irak, esta vez para una misión de 365 días de duración: War is a drug

 

†    El título del film: The Hurt Locker  es un título claramente metafórico. Traducido literalmente del inglés sería “el locker (pequeño armario) del dolor”. Podría aludir al traje-armadura que utiliza el protagonista de la película en su peligrosa tarea de desactivar minas. Este traje es como un armario que encierra al ser humano en su interior y lo aísla. También se puede interpretar que “the hurt locker” es el propio Will, que se torna voluntariamente insensible al dolor a causa de la adrenalina que le genera su trabajo, de la cual siente “síndrome de abstinencia” cuando le falta (“war is a drug”, como anuncia el epígrafe del film)

 

†    Un mundo netamente masculino desde una mirada femenina: El mundo de la guerra es un mundo masculino por razones históricas y de género.

Por extensión, el cine bélico es un género, a su vez,  tradicionalmente masculino, protagonizado y dirigido por hombres. The Hurt Locker es (al menos en mi conocimiento), la primera película bélica dirigida por una mujer.

†    Kathryn Bigelow, una directora singular: Kathryn Bigelow es  ex-esposa de James Cameron, con quien se inició en el métier cinematográfico.  Sus films se alejan totalmente del estereotipo de “cine femenino” (cuya directora y guionista arquetípica podría ser Nora Efron –Sintonía de amor, Julie & Julia). El cine de Bigelow es marcadamente violento y crispado. Aunque en un registro completamente distinto y personal, se percibe una influencia de la impronta fílmica de Cameron (dinamismo de cámara, agilidad de montaje, importancia conferida a la acción)

 

†    Bajo la filiación de Leni Riefenstahl: La polémica pero indiscutiblemente genial Leni Riefenstahl (1902-2003), documentalista emblemática del nazismo[3], constituye uno de los primeros ejemplos históricos no sólo como mujer directora, sino como directora que aborda géneros masculinos (no sólo en sus documentales, que la hicieron célebre, sino ya anteriormente en sus “películas de montaña”[4])

 

†    Una película sin respiro: La suma del guión, el manejo de cámara y el montaje hacen que la tensión, que se impone desde el prólogo, no baje en ningún momento, con la única excepción del primer epílogo. Aún cuando prácticamente no se muestra sangre (Bigelow echa mano a constantes elipsis de contenido), no hay concesiones al espectador, al que se lleva a un estado de auténtica extenuación nerviosa por la deliberada omisión de escenas anticlimáticas intermedias[5]

 

†    Mark Boal, el guionista: Ganador por segunda vez del Oscar a mejor guión original, Mark Boal lleva a cabo en este film una tarea extraordinaria ya que el guión está en parte pre-escrito y en otra improvisado sobre la marcha de la filmación, como resultado del tono dramático y clima de la historia. El haber logrado que esta dinámica se lleve a cabo de forma tan aceitada demuestra el nivel de compromiso y coparticipación entre guionista, directora y actores.

 

†    Manejo fílmico de virtuosismo excepcional: Como en todas las películas que integran su selecta filmografía, Bigelow exhibe en The Hurt Locker una maestría y conciencia  absoluta en el manejo del lenguaje cinematográfico. La obsesividad realizativa demostrada en el empleo de la cámara, el montaje, etc., permiten comprender por qué la directora filma relativamente poco: el proceso de concepción, producción, filmación y post-producción de films de tal grado de conciencia y cuidado insume, inexorablemente, mucho tiempo y probablemente deja “agotado” o “vacío” a su realizador.

 

†    Las tomas subjetivas / El espectador trasladado a Irak: En las escenas claves de tensión dramática, Bigelow apela a cámaras subjetivas que promueven una identificación completa entre el espectador y el personaje. Si bien la mayor parte del tiempo las subjetivas pertenecen al hurt locker, el desactivador de minas, primero Thompson y luego Will James, en algunas escenas de enfrentamientos con insurrectos iraquíes (la tensísima y excelente secuencia protagonizada por Ralph Fiennes[6] en el desierto, por ejemplo), Bigelow traslada la mirada a los iraquíes y es a ellos a quienes pertenecen las subjetivas. El espectador se ve trasladado a la guerra, la percibe “in situ”, desde adentro y comprende, al mismo tiempo, que no hay víctimas ni victimarios, sino que todos son víctimas.

 

†    Una cámara de extrema movilidad: La tensión narrativa propia del guión y la situación narrada se ve potenciada al grado máximo por los recursos fílmicos empleados magistralmente por Bigelow. La cámara es uno de ellos. Con instinto cinematográfico absoluto, Bigelow alterna cámaras estáticas en algunas escenas con otras de extrema movilidad. Estas últimas dominan la película. Se trata en general de movimientos cortos, que generan una sensación vertiginosa, de acción ininterrumpida, potenciada al máximo por el montaje, también superlativo, del film.

 

†    Montaje de dinamismo máximo: El montaje es el recurso clave para entender la tensión cinematográfica ininterrumpida de The Hurt Locker. Salvo excepciones, la película está integrada por infinidad de planos cortos, en los que, a su vez, la cámara cambia constantemente de posición y se encuentra en constante movimiento. El efecto es que el espectador se siente en una suerte de “montaña rusa” cuyo recorrido no termina nunca a lo largo del film.

 

†    Estrellas en roles episódicos: Es significativo que las dos estrellas reconocidas que aparecen en la película de Bigelow, Guy Pearce (protagonista del prólogo) y Ralph Fiennes (protagonista de la extraordinaria secuencia del desierto), tienen una sola secuencia cada uno, al cabo de la cual mueren. Es una suerte de “pequeño lujo” que se permite la directora. De hecho, el espectador se sorprende cuando descubre, al comienzo del film, que Guy Pearce, a quien daba por descontado como protagonista de la película, muere menos de diez minutos después.

 

†    Will James, un personaje absolutamente redondo: Jeremy Renner, con justicia nominado al Oscar a mejor actor, logra en su composición de Will James alturas memorables, secundado, sin duda, por el guionista Mark Boal. Su personaje es de una intensidad humana y psicológica tales que lo ubican en una zona en que conviven lo entrañable, lo paroxístico y lo “border”. Algunas de las escenas protagonizadas por Will son pináculos en este sentido:

 

ü      Will extingue el incendio de un auto. En el baúl encuentra una carga gigantesca de explosivos. Se despoja de su traje especial ya que si debe morir prefiere hacerlo “cómodamente”. La escena es de una tensión dramática cercana a lo insoportable.

 

ü      En su habitación, Will se desnuda de cintura para arriba y desafía a Sunborn a que le dé el golpe más fuerte que pueda. Sanborn lo golpea y Will responde con una brutalidad resultante del descontrol. No sólo “knockea” a Sanborn sino que luego lo “monta” salvajemente y en un estado rayano en la locura. Para defenderse, Sanborn lo amenaza con una navaja. Will reacciona y pretende que todo ha sido una  broma.

 

ü      Tras una tensa inspección de un barracón desierto que contiene un auténtico arsenal de explosivos, Will descubre el cadáver de un niño que vendía dvds, al cual él le había tomado especial cariño. El niño, que jugaba al fútbol y se hacía llama Beckham, había sido usado como bomba humana. Will se queda solo frente al cadáver y experimenta una auténtica catarsis que da a entender el grado de represión emocional al que vive sometido. Esta escena es seguida por otra en la que Will busca inútil y enloquecidamente al culpable de la muerte del niño. Cuando reacciona, se encuentra perdido en medio de las calles de Bagdad intentando disimular su condición de norteamericano, que lo conduciría a una muerte inmediata y segura.[7]

 

ü      En la escena siguiente a la de la captura de Eldridge por parte de unos insurgentes y su posterior liberación (Eldridge resulta herido en una pierna), la tensión vivida por Will (que había liderado el operativo) queda clara cuando se da una ducha completamente vestido y se deja caer en el piso, presa de la angustia, pero sin poder llorar ni gritar.  La sensación de stress y agobio psíquico es palpable. En su despedida, cuando parte en un helicóptero con el fémur roto en nueve partes, Eldridge agradece a Will el haber salvado su vida pero, al mismo tiempo, le echa en cara furiosamente que todo lo ocurrido se podría haber evitado si él “no hubiera salido a buscar problemas para aumentar su adrenalina”

 

†    Una escena climática y terrible: Tras la tensa secuencia de escenas descriptas tiene lugar, sin solución de continuidad, una de las más angustiantes escenas del film: aquella en la que un hombre-bomba[8] le suplica a Will que lo “desactive” y salve su vida. Aún para la extrema pericia del personaje (se aclara que desactivó 383 bombas) esto resulta imposible y el hombre estalla, frente a la mirada horrorizada  e impotente de todos los que contemplan la escena.

 

†    Catarsis de Sanborn: Como colofón, descenso y anticlímax de este tramo de tensión dramática casi insoportable, tiene lugar una escena “privada” en un jeep que maneja Will, acompañado por Sanborn. Sanborn se desmorona, expresa el desvalimiento que siente en esa guerra y cómo, a excepción de sus padres, nadie lamentaría su muerte, ya que ni siquiera tiene un hijo. Will le dice que dispone de mucho tiempo para eso, pero Sanborn le responde “No, I’m done”[9]  Compara cada día en la guerra con una partida de dados en que se juega la vida o la muerte. Will reconoce que es así, pero parece aceptarlo. Le pregunta:”Sabes por qué soy así?” La escena se corta sin que escuchemos la respuesta, que se conocerá tras los dos epílogos del film (que siguen a esta escena). Para él War is a drug

 

†    La búsquedad de la aridez narrativa sin descuidar los aspectos estéticos: Uno de los puntos más atractivos del film de Bigelow radica en el tratamiento estético de su película. El tema exige un grado marcado de realismo. Así es que la mayor parte de la película es está filmada en exterior día, con luz natural. No obstante, en secuencias memorables como la del enfrentamiento del pequeño grupo de norteamericanos e iraquíes en el desierto, es notable el uso de otros recursos lumínicos para generar un efecto onírico, surreal. El cuidado estético de la luz se percibe claramente en las pocas escenas nocturnas, filmadas en las calles de Irak. En todas ellas la iluminación escapa por completo al canon realista y procura una composición cromática de altísima elaboración estética.

 

†    La música en economía máxima: En consonancia con el equilibrio entre realismo y estética del que acabamos de hablar, Bigelow prácticamente evita la música en su película, a excepción de contadas escenas en que la música opera como recurso de potenciación dramática de la acción narrada. La utilización de ritmos autóctonos de Irak contribuye a sumergir al espectador en el clima del lugar.

 

†    No actores: Cuando de los habitantes de Irak[10] se trata, el espectador tiene la sensación de que Bigelow, siguiendo el ejemplo de otros directores como De Sica, Pasolini o actualmente el mexicano Carlos Reygadas, ha trabajado con gente real, de la calle y no con actores profesionales. También esto contribuye a la inmersión del espectador en el clima de esta guerra en particular.

 

†    Una mirada fílmica distanciada, que no toma partido ni juzga: Bigelow, tomando total distancia del género bélico clásico, no muestra a buenos (los norteamericanos) y malos (los alemanes, japoneses, etc). Su mirada es claramente distanciada. No toma partido por unos ni por los otros. Deja esta eventual tarea a cargo del espectador, que deberá sacar sus propias conclusiones.

 

†    Un universo sin victimarios –todos son víctimas-: Este distanciamiento de la mirada se sostiene en una ideología claramente perceptible en el film: en una guerra no hay víctimas ni victimarios: todos son víctimas de un horror extensivo y generalizado, traumático para unos y otros.

 

†    En la línea de otros grandes films bélicos recientes: El Francotirador (Michael Cimino, 1978),  Apocalipsis Now (Coppola, 1979), La delgada línea roja (Terence Malick, 1998), Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo-Jima (Clint Eastwood, 2006), En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007), Vals con Bashir (Ari Folman, 2008). Todos estos films plantean el sinsentido y horror de la guerra[11] y ponen énfasis en la transformación traumática que se produce en la psiquis de los soldados que participan en la guerra –por lo general muy jóvenes, carentes de recursos económicos y culturales y psíquicamente inmaduros-  Resultan clarísimas, en este sentido, En el valle de Elah y Vals con Bashir, cuyo tema central es esta transformación traumática que, por otra parte, resulta indeleble aún al paso de los años

 

 

†    Primer epílogo. El paupérrimo y ancestral mundo  iraquí contrapuesto con el universo del consumo ilimitado norteamericano: El breve primer epílogo pasa, sin solución de continuidad, de la guerra, a un gigantesco supermercado norteamericano en el que Will, en ropa de civil y con el pelo lago (la elipsis de tiempo es clara y evidente pero el período exacto transcurrido no se explicita) está haciendo compras con su la madre de su hijo[12], que aparece con un carro desbordante de artículos, en el que está montado, a su vez, el bebé de ambos. Will hace un comentario de cierta ironía al respecto. La joven le pide que compre cereales para el bebé. Will se dirige al pasillo de los cereales. La cámara hace un largo travelling hacia atrás contrapicado que muestra la increíble extensión y altura de la góndola exclusivamente destinada a cajas de cereales para bebés. Elegir resulta imposible para cualquiera y más aún para un veterano de guerra que viene de pasar meses en un país paupérrimo como Irak. Will, con una actitud que denota indiferencia e incluso cierto desdén, elige al azar una caja cualquiera.  En la segunda escena del epílogo, la joven se encuentra en la cocina cortando legumbres. Will le cuenta que ha habido una explosión en Irak  que provocó 59 muertos. Insiste en la necesidad que el ejército norteamericano tiene de técnicos en desactivación de bombas, como él. La joven no responde ni lo mira. En la tercera y última escena del epílogo,  íntima y estremecedora, el ex-soldado mantiene una conversación (un monólogo más bien) con su pequeño bebé. Señala y le muestra sus juguetes favoritos y le explica que en el futuro no tendrán ningún significado para él, serán sólo piezas de trapo y latón. Queda clara la visión existencialista y descarnada de la que la guerra ha imbuido a Will. Dice al niño que, cuando llegue a su edad, se dará cuenta que las cosas que ama son una o dos. “En mi caso, creo que sólo una”. Seco y elocuente final del epílogo. En la escena siguiente (final del film) queda clara cuál es esta única cosa que el protagonista ama.

 

†    Segundo epílogo. Un cierre circular,  desasosegante y perturbador:  El espectador reconoce nuevamente la luz y la aridez de la tierra iraquí. Un grupo de soldados norteamericanos baja de un camión. Entre ellos reconocemos a Will, con el uniforme militar “standard”. La cámara hace sobre él un tilt-down[13] que cierra con un plano de sus pies, que por enlace plástico se ven en el plano siguiente calzados con botas. Un tilt-up[14] lo muestra vestido con su traje-armadura, su “hurt-locker”. El rostro de Will parece esbozar una semi-sonrisa, como si estuviera nuevamente “en su medio”.  La cámara abre a plano general mientras el protagonista se aleja solo hacia una meta desconocida. Un videograph anuncia: Misión Delta/Rotación: 365 días. Se sugiere un proceso sin cierre ni fin y se confirma la tesis enunciada en el epígrafe inicial:

 

El vértigo de la batalla es con frecuencia una adicción potente y letal, porque la guerra es una droga. La guerra es una droga

 

†    Breves palabras de cierre: Kathryn Bigelow ha realizado un film auténticamente excepcional, sin fisura de ningún tipo. En su género y en el tono elegido: mejor, imposible. Un auténtico pináculo dentro de la filmografía de temática bélica y una obra maestra del arte cinematográfico.

 

 

 

 

Willie Méndez

 

 


[1] El vértigo de la batalla es con frecuencia una adicción potente y letal, porque la guerra es una droga. La guerra es una droga.

[2] Célebre periodista y corresponsal de guerra norteamericano, nacido en 1956.

[3] Bailarina, actriz y posteriormente directora de sus propias películas, filmó por encargo personal de Hitler, gran admirador suyo, tres documentales: el cortometraje “Victoria de la fe” (1934) y los largometrajes “El triunfo de la voluntad” (encuentro anual del Partido Nazi en Nüremberg en 1935) y “Olympia” (magnífico registro de los juegos olímpicos de Berlín de 1936, que por su calidad estética y su obsesivo montaje, sigue siendo visto como modélico en la actualidad). “El triunfo de la voluntad” ganó el León de Oro del Festival de Venecia y es unánimemente considerado el mejor film propagandístico de todos los tiempos. Leni Riefenstahl, que vivió 102 años, negó hasta último momento su subordinación al nazismo, alegando que nunca se afilió al Partido Nazi y que cuando ella realizó sus documentales Hitler era unánimemente apoyado en Alemania y no se sospechaban las derivaciones posteriores del nazismo. Ninguno de estos argumentos la despojó de la condena general ulterior, que se prolongó hasta su muerte. Sus defensores alegan que “El triunfo de la voluntad” no sólo sirvió de propaganda nazi sino que también los aliados, por su realismo absoluto,  usaron extensos fragmentos del film para demostrar el fanatismo y el peligro extremo potencial contenidos en la ideología nazi. El “caso Riefenstahl” es antonomásico cuando se debate el binomio Etica-Estética.

[4] Versión alemana de los westerns norteamericanos.

[5] Técnicamente se habla de escenas o puntos de acción vs. escenas o puntos de historia (Michel Chion, Linda Seger). Las primeras son las climáticas, las que conducen la trama, en tanto que las segundas son anticlimáticas: profundizan la historia, el psiquismo y las relaciones de los personajes y dan descanso al espectador. Este principio de alternancia entre escenas de acción y escenas de historia se observa ya en el teatro clásico. Shakespeare es un claro exponente.

[6] Es su segunda colaboración con Kathryn Bigelow, tras su protagónico en la extraordinaria Strange Days 1995)

[7] Posteriormente no quedará del todo definido si el cadáver del niño-bomba era, efectivamente, el de Beckham ya que, varias escenas después, un niño igual a él se acerca a Will y le pregunta si no quiere comprar un dvd o jugar al fútbol.

[8] “suicide-bomb” en inglés

[9] “Estoy terminado”

[10] El film, en realidad, fue filmado en Jordania

[11] Frase final del Coronel Kurtz (Marlon Brando) en Apocalipsis Now que, a su vez, cierra la película: The horror, the horror.

[12] Interpretada por Evangeline Lilly (Kate, la protagonista de  la célebre serie televisiva “Lost”)

[13] Movimiento descendente de cámara

[14] Movimiento ascendente de cámara

Queridos amigos: este fragmento de la página original de Willie es el único que pude rescatar de su sitio Cine y Cultura. Un extraño virus invadió su página y no pudimos seguir leyendo sus trabajos y crónicas de viaje….Intento reconstruir este espacio con fragmentos que él me enviaba y que obtuve a través de colaboradores y amigos….Un abrazo….M.
“Cine-Cultura” llega en octubre con novedades en casi todas las secciones. El francés Philippe Claudel es abordado en su doble faceta de escritor y cineasta, a través de su premiada novela Almas grises y su notable ópera prima Hace mucho que te quiero. Un segundo ensayo sobre cine comenta el superlativo film israelí Vals con Bashir(el primer largometraje de animación nominado al Oscar a mejor película extranjera en la historia de la Academia). El teatro tiene su lugar con “Medea”, en la que Cristina Banegas deslumbra no sólo como actriz sino como autora de la adaptación del texto de Eurípides. Una reseña musical hará que los amantes de la ópera y  el canto lírico descubran la posibilidad de hacerse de una colección magnífica de cds por precios increíbles. Y llega la segunda crónica londinense,  que evoca a la inefable Doris Day cantando en el Albert Hall.
Desde esta página rindo un homenaje de corazón a una figura que acaba de pasar de la dimensión real a la mítica: la maravillosa Mercedes Sosa. Atesoro el radiante recuerdo de una mágica noche en que compartió su humor, su calidez y su talento con varios amigos presentes en mi casa, acompañada al piano por mi queridísimo Facundo Ramírez.
Un abrazo para todosWillie
Cine para ver – 2009Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar)
De la mano de la más reciente de sus musas, la bella Penélope Cruz, Almodóvar regresa a su género favorito: el melodrama. La historia narrada se despliega en dos tiempos: mediados de los noventa y la actualidad (Madrid, 2007). En los noventa tiene lugar el tormentoso triángulo amoroso que relaciona al director Mateo Blanco (Lluis Homar), la irresistible Lena (Penélope) y el poderoso y patético Ernesto Martel (José Luis Gómez)…Bastardos sin gloria (Quentin Tarantino) 
El estilo irreverente, lúdico, sutilmente bizarro y siempre fresco de Tarantino está presente en todo momento en este film, el más ambicioso en lo que va de su carrera ya que se trata de una gran co-producción de alto presupuesto y protagonizada por estrellas de gran prestigio y popularidad, provenientes de distintos países. Brad Pitt, la máxima super-estrella masculina hollywoodense del momento, lidera el elenco, secundado por el austríaco Christoph Waltz (que se come la película en el rol de un sofisticado villano que habla perfectamente francés, inglés, alemán e italiano), la francesa Mélanie Laurent y los alemanes Diane Kruger y Daniel Brühl (el más prestigioso de los jóvenes actores del momento en Alemania, junto con Jürgen Vogel)…

Cerezos en flor (Doris Dorrie) 
Este film es el segundo de una trilogía japonesa realizada por la destacada directora alemana. El primero de la serie es el recordado Sabiduría garantizada (1999). Cerezos en flor se centra en el matrimonio conformado por Rudi y Trudi. Ambos están cerca de los 70. En los minutos iniciales del film, Trudi recibe la noticia de que su marido padece una grave afección, impredecible en cuanto a su desarrollo. Lo probable, no obstante, es que le quede poco tiempo de vida. Ambos viven en un pueblito rural, alejados de sus hijos, dos de los cuales trabajan en Berlín, en tanto que el tercero y favorito está empleado en una empresa japonesa y se encuentra en la lejana Tokyo…

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Crónicas y fotos de viajes

Londres. En los alrededores de South Kensington
Durante esta estadía londinense estuve alojado en casa de mi muy querida amiga Marie Thérèse Arida, una mansión victoriana de cuatro pisos y un subsuelo que también tenía ventanas a la calle (en el que había un departamento independiente que yo ocupaba). El pequeño palacio está ubicado en la exclusiva zona de South Kensington. Por primera vez tuve la vivencia de Londres desde el interior de una de sus casas (consciente de que esta no era, sin embargo, una vivencia “objetiva”, a partir de la condición absolutamente privilegiada de mi alojamiento). El vecindario me sorprendió, en primer lugar por su apacibilidad y silencio.Leer más
› Ensayos sobre cine
Vals con Bashir
Onirismo, denuncia y animación de altísimo vueloTitulo original:  Waltz with Bashir
Director:  Ari Folman.
Año: 2008Leer más
Hace mucho que te quiero
Un melodrama sutil con marcada influencia literariaTitulo original:  Il y a longtemps que je t’aime
Director:  Philippe Claudel.
Año: 2008
Actores:  Kristin Scott Thomas, Elsa Zylberstein, Serge Hazanavicius, Laurent Grévill, Frédéric Pierrot, Lise Ségur, Jean-Claude Arnaud, Mouss Zouheyri.Leer más
› Los recomendados   Estímulos para el espíritu, la mente y los cinco sentidos

Espectáculos

Medea de Eurípides
Teatro San Martín. Sala Casacuberta. Corrientes 1530. Tel. para venta anticipada: 0800-333-5254 Veinte años después de su antológica interpretación de “Antígona”, dirigida por el genial Alberto Ure, Cristina Banegas vuelve a ponerse en la piel de otra gran heroína de la tragedia griega: Medea. En ese entonces Banegas se había sumergido en el estudio del griego clásico para poder leer el texto de Sófocles en lengua original. Dos décadas después, esos conocimientos adquiridos hicieron posible que sea ella misma quien suscribe la versión presentada de la pieza de Eurípides, que constituye, de hecho, uno de las varias excelencias que exhibe “Medea”. El texto suena fluido, preciso y absolutamente atemporal.Leer más
Almas grises
Philippe Claudel (Salamandra) Habiendo descubierto recientemente a Philippe Claudel como director de cine, a través de su ópera prima, la sutil y sensible “Hace mucho que te quiero”, era imposible refrenar el anhelo de abordar su prestigiosa obra literaria. Y había que comenzar, naturalmente, por aquella que lo consagró, Les âmes grises. “Ganadora del prestigioso premio Renaudot y elegida Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire, esta novela posee una belleza sombría y seductora que emana tanto del clima misterioso que envuelve la historia como del profundo y descarnado retrato de los personajes que la componen. Diciembre de 1917. En un pequeño pueblo del norte de Francia, el cuerpo sin vida de una hermosa niña aparece flotando en un canal.Leer más

Libros

Música

Los clásicos de la ópera. 400 años
2009 es el año que celebra los primeros cuatro siglos de la ópera, cuyo nacimiento se remonta al “Orfeo” de Monteverdi, exquisita “favola in musica” compuesta Venecia en 1609. Con motivo de este insigne festejo, tres prestigiosos teatros europeos (el Liceo de Barcelona, el Teatro Real de Madrid y el Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa) junto con la Fundación Internacional José Carreras, han editado una extraordinaria colección integrada por veinticinco de los títulos más célebres e ilustres del género. Al “Orfeo” de Monteverdi se suman “El barbero de Sevilla” (Rossini) “Norma” (Bellini), “Lucia di Lammermoor” (Donnizetti), “La Traviata”, “Aida” (Verdi), “La bohème”, “Tosca” (Puccini), “Carmen” (Bizet), “La flauta mágica”, “Don Giovanni” (Mozart), “La valquiria” (Wagner), “Salomé” (Strauss) entre otras. Cada entrega discográfica viene contenida en un elegante libro en que se reseñan, por un lado, la historia de la lírica en tanto género y, por otro, la historia y argumento de la ópera específica que constituye la entrega.Leer más

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Willie Méndez

29/04/10

para sebastian

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Octubre 2009  

“Cine-Cultura” llega en octubre con novedades en casi todas las secciones. El francés Philippe Claudel es abordado en su doble faceta de escritor y cineasta, a través de su premiada novela Almas grises y su notable ópera prima Hace mucho que te quiero. Un segundo ensayo sobre cine comenta el superlativo film israelí Vals con Bashir(el primer largometraje de animación nominado al Oscar a mejor película extranjera en la historia de la Academia). El teatro tiene su lugar con “Medea”, en la que Cristina Banegas deslumbra no sólo como actriz sino como autora de la adaptación del texto de Eurípides. Una reseña musical hará que los amantes de la ópera y  el canto lírico descubran la posibilidad de hacerse de una colección magnífica de cds por precios increíbles. Y llega la segunda crónica londinense,  que evoca a la inefable Doris Day cantando en el Albert Hall.
Desde esta página rindo un homenaje de corazón a una figura que acaba de pasar de la dimensión real a la mítica: la maravillosa Mercedes Sosa. Atesoro el radiante recuerdo de una mágica noche en que compartió su humor, su calidez y su talento con varios amigos presentes en mi casa, acompañada al piano por mi queridísimo Facundo Ramírez.
Un abrazo para todosWillie
Cine para ver – 2009Los abrazos rotos (Pedro Almodóvar)
De la mano de la más reciente de sus musas, la bella Penélope Cruz, Almodóvar regresa a su género favorito: el melodrama. La historia narrada se despliega en dos tiempos: mediados de los noventa y la actualidad (Madrid, 2007). En los noventa tiene lugar el tormentoso triángulo amoroso que relaciona al director Mateo Blanco (Lluis Homar), la irresistible Lena (Penélope) y el poderoso y patético Ernesto Martel (José Luis Gómez)…Bastardos sin gloria (Quentin Tarantino) 
El estilo irreverente, lúdico, sutilmente bizarro y siempre fresco de Tarantino está presente en todo momento en este film, el más ambicioso en lo que va de su carrera ya que se trata de una gran co-producción de alto presupuesto y protagonizada por estrellas de gran prestigio y popularidad, provenientes de distintos países. Brad Pitt, la máxima super-estrella masculina hollywoodense del momento, lidera el elenco, secundado por el austríaco Christoph Waltz (que se come la película en el rol de un sofisticado villano que habla perfectamente francés, inglés, alemán e italiano), la francesa Mélanie Laurent y los alemanes Diane Kruger y Daniel Brühl (el más prestigioso de los jóvenes actores del momento en Alemania, junto con Jürgen Vogel)…

Cerezos en flor (Doris Dorrie) 
Este film es el segundo de una trilogía japonesa realizada por la destacada directora alemana. El primero de la serie es el recordado Sabiduría garantizada (1999). Cerezos en flor se centra en el matrimonio conformado por Rudi y Trudi. Ambos están cerca de los 70. En los minutos iniciales del film, Trudi recibe la noticia de que su marido padece una grave afección, impredecible en cuanto a su desarrollo. Lo probable, no obstante, es que le quede poco tiempo de vida. Ambos viven en un pueblito rural, alejados de sus hijos, dos de los cuales trabajan en Berlín, en tanto que el tercero y favorito está empleado en una empresa japonesa y se encuentra en la lejana Tokyo…

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Londres. En los alrededores de South Kensington
Durante esta estadía londinense estuve alojado en casa de mi muy querida amiga Marie Thérèse Arida, una mansión victoriana de cuatro pisos y un subsuelo que también tenía ventanas a la calle (en el que había un departamento independiente que yo ocupaba). El pequeño palacio está ubicado en la exclusiva zona de South Kensington. Por primera vez tuve la vivencia de Londres desde el interior de una de sus casas (consciente de que esta no era, sin embargo, una vivencia “objetiva”, a partir de la condición absolutamente privilegiada de mi alojamiento). El vecindario me sorprendió, en primer lugar por su apacibilidad y silencio.Leer más
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Onirismo, denuncia y animación de altísimo vueloTitulo original:  Waltz with Bashir
Director:  Ari Folman.
Año: 2008Leer más
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Un melodrama sutil con marcada influencia literariaTitulo original:  Il y a longtemps que je t’aime
Director:  Philippe Claudel.
Año: 2008
Actores:  Kristin Scott Thomas, Elsa Zylberstein, Serge Hazanavicius, Laurent Grévill, Frédéric Pierrot, Lise Ségur, Jean-Claude Arnaud, Mouss Zouheyri.Leer más
› Los recomendados   Estímulos para el espíritu, la mente y los cinco sentidos

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Medea de Eurípides
Teatro San Martín. Sala Casacuberta. Corrientes 1530. Tel. para venta anticipada: 0800-333-5254 Veinte años después de su antológica interpretación de “Antígona”, dirigida por el genial Alberto Ure, Cristina Banegas vuelve a ponerse en la piel de otra gran heroína de la tragedia griega: Medea. En ese entonces Banegas se había sumergido en el estudio del griego clásico para poder leer el texto de Sófocles en lengua original. Dos décadas después, esos conocimientos adquiridos hicieron posible que sea ella misma quien suscribe la versión presentada de la pieza de Eurípides, que constituye, de hecho, uno de las varias excelencias que exhibe “Medea”. El texto suena fluido, preciso y absolutamente atemporal.Leer más
Almas grises
Philippe Claudel (Salamandra) Habiendo descubierto recientemente a Philippe Claudel como director de cine, a través de su ópera prima, la sutil y sensible “Hace mucho que te quiero”, era imposible refrenar el anhelo de abordar su prestigiosa obra literaria. Y había que comenzar, naturalmente, por aquella que lo consagró, Les âmes grises. “Ganadora del prestigioso premio Renaudot y elegida Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire, esta novela posee una belleza sombría y seductora que emana tanto del clima misterioso que envuelve la historia como del profundo y descarnado retrato de los personajes que la componen. Diciembre de 1917. En un pequeño pueblo del norte de Francia, el cuerpo sin vida de una hermosa niña aparece flotando en un canal.Leer más

Libros

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Los clásicos de la ópera. 400 años
2009 es el año que celebra los primeros cuatro siglos de la ópera, cuyo nacimiento se remonta al “Orfeo” de Monteverdi, exquisita “favola in musica” compuesta Venecia en 1609. Con motivo de este insigne festejo, tres prestigiosos teatros europeos (el Liceo de Barcelona, el Teatro Real de Madrid y el Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa) junto con la Fundación Internacional José Carreras, han editado una extraordinaria colección integrada por veinticinco de los títulos más célebres e ilustres del género. Al “Orfeo” de Monteverdi se suman “El barbero de Sevilla” (Rossini) “Norma” (Bellini), “Lucia di Lammermoor” (Donnizetti), “La Traviata”, “Aida” (Verdi), “La bohème”, “Tosca” (Puccini), “Carmen” (Bizet), “La flauta mágica”, “Don Giovanni” (Mozart), “La valquiria” (Wagner), “Salomé” (Strauss) entre otras. Cada entrega discográfica viene contenida en un elegante libro en que se reseñan, por un lado, la historia de la lírica en tanto género y, por otro, la historia y argumento de la ópera específica que constituye la entrega.Leer más

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Willie

por Willie Mèndez

 

La filmografìa de Tim Burton[1] (Burbank, California, 1958) conforma un conjunto tan singular como inclasificable.  El eterno “niño oscuro” del cine norteamericano representa uno de los màs que infrecuentes casos en que la adhesión  del gran pùblico  se conjuga con la de la crìtica.  Aùn las  pocas  de entre sus películas  que, en su momento, concitaran poco entusiasmo se convirtieron,   en el corto plazo, en  clàsicos contemporàneos indiscutidos.  Esto ocurriò con la soberbia Ed Wood (1994) en la que Burton, de la mano de Johnny Depp,  rinde un entrañable homenaje al director icònico del primitivo “cine bizarro” (que aùn no se pensaba a si mismo en esos tèrminos).  Tim Burton se ha convertido en una “marca registrada” y sus rasgos de estilo propios han llegado a conformar un gènero en sì mismo. En este texto intentaremos recorrer los màs significativos de estos rasgos:

  • El mundo de la infancia: Omnipresente, de distintas formas, en la filmografìa de Tim Burton. En Charlie y la Fàbrica de Chocolate (2005) el protagonista es el  niño que da tìtulo al film (y a la novela homònima de Roald Dahl). En el resto de sus films, no obstante, los protagonistas son adultos-niños, seres que tienen rasgos de ingenuidad, distintos grados de “desconexiòn” con la realidad, que los acercan netamente al espìritu infantil: esto ocurre con Edward “manos de tijera”, Ed Wood,  Ichabold Crane (el excèntrico protagonista de La leyenda del jinete sin cabeza). No es casual que todos ellos hayan sido interpretados por el otro niño eterno de Hollywood, Johnny Depp, el incuestionable “actor fetiche” de Tim Burton. La misma inocencia fantasiosa caracteriza a Ed Bloom, el extraordinario fabulador encarnado por Ewan McGregor y Albet Finney en El Gran Pez.   Estos seres, desvalidos de diversas formas por su ingenuidad, se acercan a los protagonistas infantiles de las novelas de Dickens (en el caso de Charlie y la Fàbrica de Chocolate, la presencia de la “atmósfera dickensiana” es clarìsima). Como ellos, los personajes de Burton son presentados, en muchos casos, como seres huèrfanos, o con una figura paterna temible, traumatizante (El joven manos de tijera, La leyenda del jinete sin cabeza, Charlie y la Fàbrica de Chocolate).  En un claro guiño alusivo al cine bizarro de los ’60, estos figuras paternas son representadas por actores paradigmàticos de los films de terror de clase B de esta època: Vincent Price, Christopher Lee.

 

  • La aficiòn por los cuentos fantàsticos o  infantiles “oscuros”: Cuando Tim Burton aborda su versión fìlmica de Batman decide voluntariamente alejarse del halo pop que teñìa la popular serie televisiva de los ’60 de forma tal de recuperar e incrementar el espìtu oscuro del comic original de Bob Kane. El  joven manos de tijera  es una “versión negra” de Pinocho. El extraño mundo de Jack  es un cuento de navidad en clave entre còmica y macabra. El mismo tono caracteriza a la segunda película que Tim Burton hace con la tècnica del “stop motion”[2]; El cadáver de la novia, una historia de amor necrofìlica pero infantilmente “actuada” por muñecos. Estos dos ùltimos films causaron la misma perplejidad en cuanto al perfil del “espectador modelo”: niños? (las películas son demasiado oscuras) adultos? (¿pero no es una película con muñecos?). En este sentido, las compatibilidades entre Tim Burton y Roald Dahl (el autor de Charlie y la Fàbrica de Chocolate) son estrechas: las historias infantiles del Dahl se caracterizan por un humor negro inusitado dentro del gènero.

 

  • Los “freaks” involuntarios:No es sòlo el infantilismo el rasgo que singulariza a los protagonistas de los films de Tim Burton, sino su marcada “atipicidad”, que alcanza grados tales que, ante los ojos de los otros, son vistos como freaks:  los dedos de Edward son afiladas cuchillas; Jack es un esqueleto (la personificación misma de la muerte): cuando sustituye a Santa Claus, la reacción de los niños es el horror;  la forma de trabajo y las películas filmadas por Ed Wood, el hecho de que,  para darse seguridad, dirija usando una peluca rubia y un sweater rosado de angora, lo tornan “inaceptable” para los conservadores còdigos norteamericanos de la època (y no aùn de esta època?); la excentricidad tanto de la personalidad como de los instrumentos “cientìficos” de Ichabold Crane hacen que todos lo miren con suspicacia y lo consideren un “bicho raro”; los vecinos y amigos (incluso los familiares) de Ed Bloom, dan por sentado que es un mero fabulador, quizàs un mitòmano un tanto loco.

 

  • Los mundos invertidos: Teniendo en cuenta que el personaje protagònico suele ser un antihéroe, se entiende que en la filmografìa de Burton todo resulte en una inversiòn  de lo tìpico y previsible. El extraño mundo de Jack despliega la acciòn entre dos mundos: la Tierra de la Navidad y la  Tierra de Halloween.   Por contraposición con los prolijos y  adocenados habitantes de la Tierra de la Navidad, quienes pueblan la Tierra de Halloween (entrañables monstruos y “freaks” de estrafalarias apariencias) resultan festivos, solidarios, cautivantes aùn en su fealdad.  El mismo contraste se operarà en El cadáver de la novia,  en la que se enfrentan  la tierra de los vivos y la tierra de los muertos. La inversiòn, en este caso, serà absoluta y màs que visible: la tierra de los vivos es pintada como un lugar gris, estàtico, deprimente, muerto (los directores de arte tomaron como inspiración espacial la arquitectura de la Europa del Este y de la Inglaterra victoriana) en tanto que la tierra de los muertos es alegre, brillante, vital (la referencia espacial seràn las caprichosas y coloridas formas arquitectònicas de Gaudì)Esta inversiòn se refleja de manera extrema y magistral en el montaje paralelo entre  los  eufòricos y exultantes preparativos que se llevan a cabo en el mundo de los muertos  de la boda de Victor y Emilly, la novia cadáver, y  el tristísimo banquete de bodas de Victoria y lord Barkin en el mundo de los vivos, en el que la mayorìa de los comensales estàn sumidos en el sopor o directamente dormidos.  Magistralmente, el pasaje de  un mundo a otro se resuelve visualmente  por un enlace plàstico por analogía  de contenido material de cuadro: el elemento de enlace es la torta de bodas (gigante, ornada con calaveras en el mundo de los muertos; diminuta, insignificante e insulsa  en el mundo de los vivos).  Esta inversiòn de mundos se completa, en la filmografìa de Burton, por el juego constante de apariencia y realidad por el cual muchos personajes y situaciones se alejan por completo de lo que parecìan ser inicialmente.  Previsiblemente, se tratarà de aparentes malvados que no resultaran serlo en lo màs mìnimo. Todo indica que Katrina (Cristina Ricci en La leyenda del jinete sin cabeza) es una joven bruja que intenta dañar con sus conjuros a Ichabold (Johnny Depp). En efecto, resultarà conocer conjuros màgicos, pero a travès de los cuales trata de proteger a Ichabold del accionar de la verdadera bruja,  su madrastra aparentemente virtuosa y ejemplar (Miranda Richardson).  Willy Wonka es presentado inicialmente en Charlie y la Fàbrica de Chocolate como un excèntrico y atildado “falso joven” (si bien Burton lo desmiente resulta evidente la inspiración del personaje en Michael Jackson[3]) de aire perturbadoramente siniestro, traumatizado por el recuerdo infantil de su padre terrible (Christopher Lee). Ni Willy resultarà un perverso ni su padre un hombre terrible: el primero gusta de componer un personaje destinado a corregir los “excesos” infantiles al igual que habìa hecho con èl  su padre (finalmente un buen hombre que viviò pendiente de los logros de su hijo durante todos los años en que ambos permanecieron alejados)

 

  • El cine bizarro de los ’60: El vìnculo que une a Tim Burton al universo de la infancia es “ìntimo” en todos los sentidos del tèrmino. En primer lugar, es indisociable de la propia infancia del realizador.  Nacido en Burbank, una pequeña ciudad californiana, la infancia de Burton estuvo signada por sus adictivas visitas a los pocos cines locales, en las funciones “en continuado” y el consumo fervoroso del nuevo medio que hacìa su eclosión en los ’60: la televisión. Los interminables programas de sàbados por la tarde[4] en los que se sucedìan telefilms  en los que el terror efectista se alternaba con la ciencia ficciòn no menos efectista dejaron una huella indeleble en el imaginario estètico de Tim Burton. En el cielo de clase B dibujado por estos telefilms, algunas estrellas brillaban con luz propia: directores como los inclasificables y actualmente idolatrados Roger Corman y Sergio Leone, actores en ese momento desconocidos y hoy mìticos como Vincent Price, Christopher Lee, Peter Cushing que se repartìan entre films de terror en los que se reeditaba eternamente a los “monstruos” clàsicos (Frankenstein, Drácula, la momia, el hombre lobo),  las hoy llamadas películas peplum[5] que recreaban con dudoso gusto mitos bìblicos o de la tradición grecolatina (El coloso de Rodas, Ulises, Salomón y la Reina de Saba, Sansòn y Dalila), las películas japonesas de monstruos mutantes (Godzilla, El monstruo de la Laguna Negra), los films de malvados  alienìgenas deseosos de destruir el Planeta Tierra (Plan 9 del espacio sideral).  Estas peliculas ejercen hasta la actualidad una influencia poderosìsima en la producción de Tim Burton: la galera de caramelo en la que surcan por  un vertiginoso rìo de almíbar Willy Wonka y el grupo de niños que obtuvo el billete màgico para visitar la Fàbrica de Chocolate es el calco de la que aparece en Helena de Troya (Robert Wise, 1956). Las entrañables referencias a toda la producción fìlmica de Ed Wood son mùltiples y evidentes en la pelìcula en que Tim Burton le rinde un claro homenaje al inusitado director. Desde el pròlogo y los crèditos iniciales del film Burton espeja, reelabora y celebra el pròlogo y los crèditos de Plan 9 del Espacio Sideral (el que hasta hoy sigue siendo mìticamente considerado “el peor film de todos los tiempos”). Tributaria de la misma temàtica de los maquiavèlicos alienìgenas de los ’60 es la surrealista Marte ataca.  La apariciòn de Christopher Lee en los dos ùltimos films de Burton (Charlie y la Fàbrica de Chocolate y La novia cadáver) es un claro homenaje a quien encarnò al tan temible como estereotipado  Conde Drácula de las producciones de clase B de los ’60 y ’70.  Pero dentro del cine bizarro de esas dècadas  se erige  una dupla que es la que constituìa el verdadero objeto de fascinación del niño que después serìa director estrella: Roger Corman y el actor fetiche de casi  todos sus films, Vincent Price.  Roger Corman (1926), hoy idolatrado por los jóvenes fans del cine bizarro, se  hizo popular en los ’60 por una serie de films de bajo presupuesto (casi todos producidos centralmente para su posterior difusión televisiva) inspirados  en los tan cèlebres como antonomàsicos cuentos de terror de Edgar Allan Poe. El pozo y el pèndulo, Ligeia, El gato negro, La caìda de la casa Usher fueron tomados por Corman como base de sus películas. La relaciòn con los cuentos de Poe es  màs que lejana. Corman mantiene los tìtulos de los cuentos, expande con peripecias de diversos tenores la base argumental de los cuentos, de manera tal de alcanzar la duraciòn requerida por un largometraje, abre y cierra los films con sonoras y estratègicas citas de los cuentos, de forma tal de insuflar en el espectador la ilusiòn de que se ha transcripto literalmente la obra de base. Aquel de entre estos espectadores que se viera tentado a abrevar en las fuentes y leer los cuentos, se encontrarìa, sin embargo, con grandes sorpresas: los protagonistas de  “La caìda de la Casa Usher”, los tràgicos hermanos gemelos Roderick y Madeline y el narrador del cuento, antiguo compañero de colegio de Roderick, promedian los 30 años. En la versión de Corman, Madeline, lejos de la languidez mòrbida de la romàntica heroìna de Poe, es una saludable y “pulposa” veinteañera, peinada con un “batido” muy a la moda de los ’60 (….¡la accion transcurre en el siglo XIX!). El protagonista del film es, por supuesto, Vincent Price (que en la època rondaba los ’50 años……) pero encarna, no obstante, el rol del hermano gemelo de la energètica veinteañera…..  Màs allà de las licencias y disparates, de las que Corman es alegremente consciente, el director  ha declarado recientemente: “No me siento orgulloso de mis films, pero sì de la influencia que han tenido en directores jóvenes y talentosos” Si tenemos en cuenta que Quentin Tarantino y el propio Tim Burton son dos de ellos, las declaraciones de Corman resultan de una contundencia irrefutable.   La incidencia del cine de Corman en la filmografìa de Tim Burton no es sòlo directa (la recreación de las “mansiones de terror” de los films de Corman, la directa presencia de un muy anciano Vincent Price en El joven manos de tijera) sino tambièn “mediada”.  A travès de las películas de Corman llega a Tim Burton la influencia del arquetìpico y oscuro mundo de los cuentos de Poe, con todas sus caracterìsticas: la asociación romàntica del amor y la muerte, la adoración de la belleza femenina evanescente, la necrofilia, presentes en muchos films de Burton pero nunca tan clara y manifiestamente como en La novia cadáver.

 

 

 

¿Expresionista o gòtico?

 

En varias oportunidades se ha calificado la obra  de Tim Burton  como cine expresionista  o cine gòtico. En el primer caso se intenta integrar la filmografìa de Burton dentro de la estètica fundada por los celebèrrimos directores del expresionismo alemàn de los años ’20 (Robert Wiene, Fritz Lang, Wilhelm Murnau), en el segundo caso se la asocia con el espìritu de la literatura gòtica del siglo XIX[6], indisociablemente ligada al romanticismo. Ninguna de estas calificaciones resulta, sin embargo, ìntimamente explicativa de la obra de Burton, ya que el horror expresionista o gòtico no se vierte en forma pura y directa en la filmografìa del californiano.  Sus pelìculas, muchas veces oscuras, no resultan nunca, sin embargo, verdaderamente terrorìficas: el miedo se confunde siempre con el humor. La explicación radica en el hecho que el terror llegò a Burton a travès del cine bizarro de los ’60, que hoy es visto, básicamente, como cine còmico. Serà esta influencia la que haga que para el espectador de los films  de Tim Burton  el estremecimiento resulte inseparable de la sonrisa còmplice del niño al que le gusta asustarse, pero sòlo un poquito……

 

 

 

 

 


[1] Su  producción està integrada por Beetle Juice (1988), Batman (1989),  Edward Scissorhands/ El joven manos de tijera (1990), Batman returns (1992), Nightmare before Christmas/El extraño mundo de Jack (1993), Ed Wood (1994),  Mars attacks/Marte ataca (1996), Sleepy Hollow/La leyenda del jinete sin cabeza (1999), Planet of the Apes/El planeta de los simios (2001), Big Fish/El gran Pez (2003), Charlie and the Chocolate Factory/Charlie y la Fàbrica de Chocolate (2005), Corpse Bride/El cadáver de la novia (2005)

[2] Esta compleja tècnica, caìda en desuso por sus altìsimos costos y exhumada por Tim Burton para la realización de El extraño mundo de Jack  y El cadáver de la novia, consiste en fotografìar  a muñecos a los que se va moviendo en forma sutil y progresiva. El efecto final se apoya, constructivamente, en el mismo principio en el que se basa la tècnica de animación.

[3] Quien, como resultado final de su empecinada doble lucha contra su propia condiciòn ètnica y el paso del tiempo, ha logrado una apariencia que, segùn Pascal Bruckner, constituye  “una mezcla entre Bambi y el Conde Drácula” (La tentaciòn de la inocencia. Barcelona. Anagrama, 1996)

[4] Equivalentes a los clàsicos  argentinos de la època como Cine de superacciòn.

[5] En alusiòn al “peplo”, prenda tìpica de la vestimenta romana de los primeros siglos del cristianismo.

[6] El propio Edgar Allan Poe, las hermanas Brönte, Bram Stoker, Mary Shelley  se cuentan entre sus màs cèlebres representantes

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